Un
estudio científico pionero revela la verdad sobre el metabolismo humano
Xavier
Fonseca Blanco
XAVIER
FONSECA
SOCIEDAD
CESAR
QUIAN
La
investigación sostiene que el aumento de peso se debe únicamente a los malos
hábitos y no a un proceso natural de la edad
23
ago 2021 . Actualizado a las 20:40 h.
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El
cuerpo humano es una máquina compleja que necesita mucha energía para funcionar
correctamente. El metabolismo se encarga de transformar los alimentos que
ingerimos en el combustible que permite realizar cualquier actividad, desde
caminar hasta pensar. Sobre este conjunto de reacciones físicas y químicas que
tiene lugar en el organismo siempre ha habido más preguntas que respuestas. Y
cuando hay mucho desconocimiento sobre algo surgen los mitos y las falsas
creencias. Ahora, un pionero estudio publicado en la revista Science, una de
las más influyentes del mundo, arroja luz sobre cómo los seres humanos
gestionan la energía que consumen a lo largo de una vida y que determina
variables fundamentales como el peso y la altura. La ciencia, como era de
esperar, echa por tierra algunas ideas erróneas.
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La
investigación, que analizó datos de 6.421 personas de 29 naciones entre las
edades de 8 días y 95 años, encontró cuatro etapas bien diferenciadas. La
primera comprende los primeros meses de vida, desde los 8 días hasta los 12
meses. En este momento inicial de la existencia la quema de energía
alcanza unos niveles insólitos, muy por encima que, en el resto de la vida,
hasta un 50 % más. Los autores del trabajo confiesan haberse sorprendido con el
gasto energético. «Las bebés queman energía mucho más rápido incluso que los
niños. Lo hacen de una manera tan veloz que casi podríamos hablar de que somos
una especie diferente durante los primeros meses de vida», confiesa el biólogo
evolutivo de la Universidad de Duke Herman Pontzer, quien dirigió esta
investigación que cuenta con más de 80 coautores.
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«Tiene
sentido lo que revela el estudio porque en el momento inicial hay mucho gasto
energético por parte del cerebro, que está en pleno desarrollo. Después de
nacer el cráneo todavía está abierto y se va cerrando en un proceso que dura
unos 12 meses y que supone un gasto energético bestial», confirma Teresa
Martínez, jefa de servicio de endocrinología en el Chuac.
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El
trabajo plantea un segundo período que abarca desde el primer año hasta los
veinte y en el cual el gasto energético se
mantiene alto. «Está muy influenciado por la cantidad de grasa, que es mucho
menor en los niños que en los adultos. También por la actividad física. Hasta
los 20 años las personas se mueven mucho», apunta Martínez. En esta etapa la
gestión de la energía resulta de vital importancia porque determina el ritmo de
crecimiento. «Los niños también se agotan rápidamente. Su alto metabolismo los
hace particularmente vulnerables al retraso en el crecimiento y las
enfermedades si no obtienen las calorías que necesitan», subraya Pontzer.
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A
partir de los 20 y hasta los 60 años el metabolismo entra en la tercera fase,
una de estabilización. Y es aquí donde se derrumban mitos.
El trabajo no encontró grandes diferencias entre hombres y mujeres. Tampoco una
justificación para que las personas engorden amparándose en un supuesto proceso
natural producto del avance de la edad. «La tasa metabólica no varía en estos
momentos. Los cambios hormonales, el estrés, las enfermedades, el crecimiento y
los niveles de actividad influyen en el apetito, la energía y el peso
corporal», destaca el investigador. «La gente hace lo contrario de lo que
debería. Hoy parece que se tiende a moverse algo más, pero en general no tanto
como lo hacían las generaciones de nuestros padres y abuelos. A esto hay que
sumar que ha cambiado la forma de comer. La ingesta resulta mucho mayor, sobre
todo a efectos de las calorías. En definitiva, es más una cuestión de los malos
hábitos que del metabolismo», reconoce Teresa Martínez.
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La
ciencia también respalda a través de este estudio el concepto de jubilación a
partir de los 60 años, cuando comienza también la cuarta y última etapa, en la
que el gasto metabólico comienza a descender drásticamente, hasta un 26 %. «A
partir de la menopausia se produce una redistribución del gasto corporal. A
medida que entramos en la senectud incluso se tiende a perder peso porque el
apetito ya no es el mismo», concluye.
Los
autores del estudio piden que los datos se tengan en cuenta a la hora de
diseñar políticas públicas de salud que pretendan mejorar el bienestar de una
población con una esperanza de vida media de 80 años.
